Estos primeros días de agosto, un nutrido grupo de jóvenes universitarios del CM Almonte, colegiales y adscritos del club universitario, han visitado Roma para participar en el Jubileo de los jóvenes. Uno de ellos, Jorge Cantero, nos escribe esta crónica de la experiencia:
“Había que ir. Roma, Año Santo, nuestro nuevo Papa. Este Jubileo se ha presentado como la excusa perfecta para reencontrarnos con ese espíritu que ya vivimos en la JMJ de Lisboa.
Partimos de Sevilla el martes 29, con las mochilas (y las maletas) cargadas. Por supuesto, no faltaban las banderas. Al aterrizar en Fiumicino, ya bastante tarde, nos recogió un autobús. Nuestro alojamiento no era el Palacio Apostólico, pero casi: la RUI, una residencia como Almonte. Un lujo. Esa noche apenas vimos más que nuestras camas.
A la mañana siguiente, con energía renovada, y un sol romano que prometía acompañarnos toda la semana, nos lanzamos a un recorrido exprés: Trastevere, Gianicolo, Piazza Navona y una inmersión en la Antigua Roma atravesando los Foros imperiales. Bastante intenso. Algunos, por motivos espirituales del Jubileo, tomaron un gelato cerca del Panteón.
El segundo día nos llevó al norte de la ciudad para visitar la sede central de la Obra, Villa Tevere. Tuvimos la suerte de celebrar la misa y de rezar ante la tumba de san Josemaría. Después nos dirigimos a Villa Borghese para comer, disfrutando del ambiente del parque. Desde el mirador del Pincio, contemplamos Roma en todo su esplendor, y descendimos paseando hasta la Piazza del Popolo. Momento culmen fue llegar a una Fontana di Trevi hasta arriba de gente, valga la ironía. Aunque el mar humano no impidió las fotos. Para rematar otro intenso día, cruzamos la Puerta Santa y ganamos la indulgencia en San Juan de Letrán.
El viernes combinamos actos del Jubileo con visita a otra de las grandes basílicas: San Pablo Extramuros. No hay que olvidar la acogida que nos brindó Piero, que nos permitió almorzar en su casa, muy cerquita de San Pedro, y donde nos dio un concierto con su extraordinario ukelele, leyenda ya de las calles de Roma. Después del encuentro de españoles en San Pedro, cayó una pizza y, esta vez sí, un paseo nocturno por Roma.
El sábado, después de visitar la Iglesia del martirio de San Pablo, que quedaba cerca de la RUI, nos preparamos para la gran expedición: 3 líneas de metro y una hora a pie (podría haber sido peor). Al llegar, nos posicionamos estratégicamente en una de las salidas, porque al día siguiente íbamos a ir muy justos de tiempo, y había que correr. El reparto de comidas en Tor Vergata fue sorprendentemente bueno. El ambiente, mejor. Imagino que muchos de nosotros nos emocionamos en la Vigilia con el Santo Padre. La adoración al Santísimo junto a un millón de jóvenes es siempre un momento irrepetible.
El domingo, último día, nos levantamos muy temprano. Algunos conseguimos ver al Papa. Otros se quedaron admirando su saco de dormir durante un buen rato más. Y después de la misa y la bendición del Santo Padre, salimos con paso firme hacia la estación de metro. Allí nos recogió un autobús,y tras la parada en boxes de la RUI, fuimos al aeropuerto.
Todos los peregrinos volvemos cansados, claro. Y también muy contentos; yo más por haberlo podido vivir con gente tan estupenda. El Jubileo de los Jóvenes de Roma 2025, ha sido nuestro jubileo, el de nuestra generación. Estas cosas te recuerdan que “los jóvenes” no estamos perdidos como tanto gusta decir y que, gracias a Dios, la Iglesia es mucho más grande y universal de lo que percibimos en esa misa de diario con 4 viejecitas. Poniéndonos menos serios, creo que el concurso de cervezas italianas lo gana la sarda Ichnusa por encima de la romana Peroni y variantes.
Ahora, toca esperar a la próxima… que, conociéndonos (¿Seúl 2027?), no tardará en llegar.”
