Terminado al curso académico y con el arranque de verano, desde el CM Almonte hemos organizado un año más un campo de trabajo solidario. Nuestro decano Juan Redrejo, participante del mismo, nos deja esta crónica sobre la experiencia vivida:
“Una vez terminados los exámenes de julio, toca verano y con ello una de nuestras actividades solidarias de referencia, porque en Almonte no paramos!. Como venimos haciendo muchos años atrás, del 15 al 22 de julio tenemos un campo de trabajo solidario.
El año pasado nos dividimos en dos: uno en Jerez y otro en Ávila. El de Ávila era la primera vez que lo organizábamos y fue todo un éxito, todo el mundo quería volver al año siguiente. Este año, nos hemos enfocado solo en este último, para ayudar a las monjas del convento de la Encarnación a arreglar su casa.
Trabajar en este monasterio tan histórico tiene un encanto especial. Por esos pasillos han caminado santas como Santa Teresa de Jesús y Santa Maravillas, y Jesús y la Virgen se han aparecido varias veces. Es un privilegio y un honor tener la oportunidad de desempeñar trabajos en ese lugar.
Las hermanas nos propusieron principalmente tres trabajos: picar la argamasa que une los bloques de una pared de piedra de 12 metros de altura, limpiar todo el suelo de la Iglesia y la capilla de la transverberación y barnizar el techo formado por vigas de madera de un claustro, en total unos 80 m. Para estos trabajos nos organizamos en equipos. Los más valientes y con menos vértigo, se fueron a picar la gran pared. Otros, a barnizar el techo y yo tuve la suerte de formar parte del pequeño equipo que limpiaría la piedra del suelo de la Iglesia.
Estos trabajos los fuimos completando poco a poco. Conforme los íbamos acabando, nos metíamos a ayudar a otros equipos, y las monjas nos iban dando otras tareas, como quitar malas hierbas, cavar zanjas para el riego…
El último día, logramos finalizar todo lo que nos habían pedido las hermanas, con mucho esfuerzo y satisfacción de ver que el trabajo dio su fruto.
No todo iba a ser trabajar. A demás de estar en el convento por la mañana y parte de la tarde, cuando acabábamos, teníamos planes de ocio y cultura. Los más destacables fueron la visita a El Escorial y posterior plan de karts y la visita a las murallas de Ávila. Estos planes nos ayudaban a descansar y tener más ratos de convivencia, para al día siguiente volver a estar a tope para darlo todo en el convento.
Este voluntariado nos ha ayudado mucho a emplearnos bien, pero sobre todo, quiero destacar el ejemplo de trato con los demás que nos han dado las hermanas. Ellas nos explicaron que Santa Teresa fundó la orden de las Carmelitas Descalzas sobre tres pilares fundamentales: el desasimiento, amor de unas con otras y la humildad; y tratar con ellas ha sido una auténtica escuela de estas tres virtudes.”


















